Éfeso fue primero una ciudad portuaria griega y después romana, una de las mayores del Oriente romano. El mar se retiró con los siglos, de modo que hoy las ruinas están tierra adentro, en un valle verde junto a Selçuk. Lo que la hace especial es la sensación de recorrer una ciudad de verdad: una larga calle de mármol, casas, fuentes, templos y edificios públicos, todo en un mismo itinerario.
Las dos imágenes que todo el mundo reconoce son la fachada de dos pisos de la Biblioteca de Celso y el Gran Teatro, excavado en la ladera y con capacidad para miles de espectadores. Entre ambos discurre la calle de los Curetes, con columnas e inscripciones. Las casas de la ladera, protegidas bajo cubierta, muestran con sus frescos y mosaicos cómo vivían las familias acomodadas.
Éfeso también es clave en la historia del cristianismo primitivo: se asocia al apóstol Pablo y a la tradición de san Juan Evangelista. El sitio es Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Reserve al menos dos o tres horas para la visita, y media jornada si quiere ver las casas con calma.